ECOLOGIA-MEDIO AMBIENTE www.valletena.com

En este apartado pretendo, que los habitantes y visitantes del Pirineo y del Valle de Tena en particular, sean sensibles con la naturaleza y con el patrimonio cultural, que en mi opinión de habitante del Valle, esta seriamente amenazado especialmente estos últimos años, a continuación podéis leer, artículos de prensa y párrafos de libros. A los autores quiero agradecer el interes que tienen por la protección de esta obra de arte que la naturaleza y nuestros antepasados nos han dejado en herencia.

Estatuto para el siglo XXI en defensa de las montañas.

En el año 1998 en Autrans (Francia) durante la celebración de los “Días Europeos de la montaña”, se llego al acuerdo de realizar un estatuto que reflejara las normas éticas y el comportamiento que los montañeros debían estar obligados a cumplir. Estas son algunas de las normas fijadas:

Articulo 1.- Libertad de acceso. El libre acceso a las montañas y la libertad de encarar los peligros que estas pueden conllevar es parte integral de la práctica del montañismo. Sin embargo, el establecimiento de un límite por parte de las autoridades estaría justificado en caso de protección del legado natural y la herencia cultural de las zonas de montaña.

Articulo 2.- Carreteras y pistas. Su explotación para el turismo y los pastos implica un crecimiento sin límites y la ramificación de redes de carretera en alta montaña.

Articulo 3.- Vehículos de motor en las montañas. Ningún vehículo de motor, especialmente aquellos de pertenencia privada utilizados para fines lúdicos deben circular por las montañas fuera de las carreteras designadas para ello. Los montañeros se comprometen a utilizar medios de transporte colectivos siempre que sea factible y a potenciarlos.

Articulo 4.- Refugios de montaña. Tras más de un siglo de invasión en las montañas europeas con la construcción de cabañas y vivacs fijos, los montañeros piensan que la capacidad de éstos está más que saturada. Así, instan al compromisario a que no apoye ningún proyecto de creación de nuevos refugios o vivacs.

Articulo 5.- Marcando las sendas. La señalización de las sendas, sea cual sea la intención del autor, puede dañar sustancialmente la calidad de las experiencias que son esenciales a la hora de realizar trekking y alpinismo. Se recomienda un bajo nivel de balizamiento en los caminos.

Articulo 6.- Respeto por las rutas históricas. Las antiguas rutas de escalada o de montaña, que pertenecen a la historia de las relaciones entre el hombre moderno y las montañas deben ser conservadas tal y como están, para poder conservar su carácter y su dificultad. No debe ser añadido nuevo equipamiento.

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La protección de los Pirineos Centrales

Se ha reducido toda una cordillera montañosa a pequeñas zonas aisladas de protección. Incluso dentro de ellas, su cometido deja mucho que desear. El resto del territorio, de no menos valor ecológico y paisajístico, carece de cualquier tipo de protección que salvaguarde un rico patrimonio natural. En ocasiones, la falta de un adecuado uso y gestión de estos espacios conlleva que el ciudadano de la gran ciudad se plantee la duda de si acudir al cine o acudir al valle de Ordesa.

Los Pirineos en todo su conjunto necesitan de una figura unitaria de protección, de un parque internacional que compatibilice adecuadamente la conservación de la naturaleza con el desarrollo económico de las zonas habitadas, frenando la fuerte despoblación pero apostando por un nuevo modelo de desarrollo que logre la utilización racional de los recursos naturales, que impida volver a caer en los mismos errores cometidos en las últimas décadas.

La construcción de embalses, la nefasta gestión de las masas forestales autóctonas, las estaciones de esquí, el urbanismo salvaje, el trazado de grandes carreteras, el auge de los deportes de aventura, macroproyectos olímpicos e, incluso, los residuos altamente tóxicos y peligrosos de las localidades industriales son algunas de las múltiples amenazas que acosan un medio ambiente privilegiado. Un paisaje único en toda España y en Europa que se debe conservar para las generaciones venideras.

Eduardo Viñuales (El Pirineo Aragones ecoguía)

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Manifiesto de Alpinistas Españoles para la Protección de las Montañas

Aprovechando la declaración en el 2002 por parte de la Asamblea de las Naciones Unidas como Año Internacional de las Montañas, los alpinistas, montañeros y personas vinculadas a la vivencia sensible de los más altos paisajes de España y de la Tierra, abajo firmantes, REIVINDICAMOS LA PROTECCIÓN EFECTIVA DE LOS PAISAJES Y LOS ECOSISTEMAS NATURALES DE LAS MONTAÑAS.

Por tanto, abogamos por un modelo de montaña que sea un espacio regenerador, un territorio de encuentro entre el hombre y la Naturaleza en el que deben primar los valores espirituales y deportivos sobre cualquier tipo de ambición empresarial, mercantilista, económica o financiera. Somos conscientes de que la montaña posee unos valores ambientales, sociales y culturales únicos, constituyendo un almacén de agua potable y un reservorio de flora y fauna salvaje, pero, sobre todo, siendo un símbolo de belleza y de pureza que transforma el sentimiento de los hombres. Defendemos, no obstante, una explotación racional y sostenible de los recursos naturales, promoviendo aquellas actividades tradicionales que sean compatibles con la conservación de un medio frágil y valioso.

El aprovechamiento hidroeléctrico de los torrentes de montaña -que forman el nacimiento de los ríos-, la construcción y ampliación de pistas de esquí, o la implantación de un modelo de turismo masivo, son algunas de las actuaciones humanas que contribuyen a la degradación de los cada vez más escasos espacios vírgenes de la alta montaña, lugares donde reina el silencio, la soledad, el misterio y donde es posible el encuentro del hombre consigo mismo. Cuando contaminamos o destruimos las montañas no sólo acabamos con un rico y valioso patrimonio natural que deberíamos legar a las generaciones venideras para su disfrute, sino que también hipotecamos la posibilidad que nos ofrecen para la observación, la vivencia y la comunicación.

Como alpinistas, amantes de la aventura y del gusto por la soledad de los grandes paisajes de la naturaleza, abogamos por un modelo noble, y no vulgarizado, de alta montaña, ajeno a la mecanización, el sobreequipamiento y la construcción de nuevas infraestructuras humanas que domestican los paisajes, hacen más accesibles las cumbres y endulzan las vivencias que éstas producen (grandes refugios, remontes, pistas de acceso motorizado, etc.). El aislamiento y el peligro son condiciones inherentes a los precipicios, los glaciares y las cumbres elevadas de nuestro país y de la Tierra, y nos permiten un diálogo silencioso de los alpinistas con las montañas.

Propugnamos la defensa de los valores emocionales y sociales de la montaña. La historia, la toponimia, la etnología montañesa,... deben ser conocidas y estudiadas para comprender mejor el mundo que nos rodea. La montaña tiene un gran valor educativo y también científico, como campo de observación y experimentación en un mundo - el de alta montaña - todavía bien conservado.

Las montañas son auténticas catedrales de la Tierra, de aspecto sublime y poderoso, pero al mismo tiempo vulnerables a la acción perturbadora de los hombres. Las montañas son templos de encuentro del hombre consigo mismo y con la Naturaleza, por lo que no sólo deben ser preservado su armazón físico sino también respetar el ambiente y la esencia de estos parajes.

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Decálogo para proteger la montaña

1º- Nada hay ya desconectado en estos paisajes. Cada vez más la alta montaña depende del valle y éste del llano, por lo que es cada vez más difícil aislar o intervenir sólo en los pisos superiores del relieve, mediante un control parcial o sectorial, sin acuerdo con una política territorial y cultural de conjunto.

2º- No es posible contraponer una intervención conservacionista pasiva, mientras se incrementa y cambia de forma una fuerte dinámica socio-económica y territorial, que transforma combinadamente toda la montaña, que unas veces ve obstáculos en la conservación o incluso reconvierte los espacios naturales en servicios funcionales. La conservación debe tener, por tanto, una perspectiva de campo amplio, más allá de su propio espacio y control.

3º- Es, pues, necesario encontrar vías de intervención activa en e1 proceso, además de la indispensable conservación de espacios estrictos ?que sigue siendo esencial?, de modo que se pueda acceder a las causas, a los desarrollos y a los lugares donde se generan los problemas, mediante el ejercicio de un peso objetivo en las políticas territoriales.


4º- E1 procedimiento adecuado es participar en 1a ordenación territorial de las montañas y en los sistemas de desarrollo de las áreas de montaña, como un elemento clave de esa ordenación en las sociedades avanzadas y como una condición básica para que tal desarrollo sea completo. Sin duda, ese papel ya se ejerce medioambientalmente pero propondríamos una inserción más definida en la política territorial, es decir dentro del proceso y del problema.

5º- Se inscribe lo dicho en el amplio campo de una intervención cultural en el proceso territorial. Todo transcurso de modificaciones geográficas debe requerir una corrección cultural de sus bases meramente pragmáticas para evitar daños patrimoniales. Esto debe extenderse a los espacios naturales no protegidos y acaso no protegibles, donde debe actuar de pantalla generalizada mediante figuras flexibles.

6º- Tal extensión no es improcedente, puesto que hay ya ejemplos en marcha en los países europeos. Por otro lado, los procesos transformadores negativos se incrementan y extienden de tal modo, que necesitan también un incremento y una extensión similar conservacionista.


7º- Las posibles figuras flexibles que pueden utilizarse, aparte de los tipos de protección ya existentes y que deben perdurar e incrementarse, son diversas. Algunas tienen precedentes en nuestras montañas, otras existen ya en otros países, y ciertas de ellas son sólo proyectos sin implantación. Pero en estos momentos se requieren estos complementos ágiles de modo especialmente urgente. Es, sin embargo, un inconveniente administrativo que la heterogeneidad de tales figuras se sume a la ya existente de los tipos de espacios protegidos, que no siempre responde a un hecho gradual o de matiz o igualmente apropiado a distintos medios, por lo que da resultados a veces confusos. Esas figuras flexibles pueden ser, por ejemplo: normativas territoriales y preservacionistas de macizos concretos, proyectos locales de desarrollo sostenible; redacción de una ley general de la montaña; funcionamiento de una normativa europea del paisaje y adscripción a ella; establecimiento de una más amplia, activa y coherente red de reservas de la biosfera de montaña de fuerte fundamento geográfico; encauzamiento de un Parque Internacional europeo de los Pirineos, etc. Sin desdeñar las evaluaciones de impacto ambiental ni reemplazarlas, estas figuras poseen una capacidad inicial de cobertura y una presencia general en los territorios, que cada vez resultan más indispensables.

8º- La confección de una Carta de la Montaña que contenga los principios conceptuales de partida, el análisis de la intervención en los procesos y la objetivación de las claves de las aspiraciones proteccionistas será crucial, porque permitirá poseer un documento de referencia, una línea de acción y una divisoria para disponer a qué lado se sitúan unas u otras actuaciones, tantas veces confusamente alarmantes, digan o no ?como no deja de ser habitual? que ''nunca harán daño a la naturaleza".

9º- La inserción en tal estructura supone también tener capacidad de oferta de proyectos de aprovechamientos directos y de beneficios derivados que sean opciones realistas de desarrollo en condiciones de sostenibilidad; que, con su conveniente corrección naturalista y cultural, ofrezcan funciones también rentables. E1 fomento de estas opciones mediante proyectos viables de desarrollo local, basados en un buen conocimiento territorial y de la dinámica económica, será mucho más coherente con la protección de espacios. Si no, los modelos generalistas y de rápido éxito que no dan entrada al interés cultural impondrán su estilo en solitario, como tantas veces ha venido ocurriendo. La divisoria, también aquí, entre lo que es "sostenible" y lo que deja de serlo ?por abuso de este término? es cada vez más difícil de establecer, pero puede ponderarle al menos en función de su capacidad de preservación de su territorio natural y cultural.º


10º- Por último, es conveniente el afianzamiento y la posible extensión de los Parques Nacionales y Naturales de montaña, los primeros en su nivel de reconocimiento y de protección, dentro de una red general de Península y archipiélagos, conectada a la red internacional, y los segundos en su grado y su escala. Lo existente es irrenunciable. No obstante, hay territorios con vocación de Parques, aún no reconocidos definitivamente como tales, y hay espacios de segundo rango cuyos méritos naturales y paisajísticos corresponderían al primero.

En cualquier caso, los "Parques Nacionales" responden a una categoría histórica internacional en la que se inscribieron desde su origen los nuestros y su red debe aspirar a ser geográficamente coherente respecto a la totalidad de componentes territoriales del conjunto del espacio español mediante una malla de elemental destacados de sus paisajes naturales, dotados de la máxima categoría administrativa de los entes de protección y provistos de unos instrumentos de conservación especialmente completos.

Nuestras montañas mejores deben, por ello, ser consideradas como objeto de tales Parques o aspirar a ese rango. Sobre todo, porque es el mejor modo de garantizar su conservación. Hace más de dos siglos un ilustrado alemán escribía que para sentir plenamente algo que es bueno, pero que, por hábito, podemos estar indiferentes ante su presencia, deberíamos figurarnos que no existe, que lo hemos perdido: en lo que aquí nos importa, por encima de cualquier desinterés abúlico o sin que falte un deseable sentido crítico, que no me es ajeno, habría que preguntarse, si no hubieran existido nuestros Parques Nacionales de montaña, en qué estado estarían los lugares que protegen.

Eduardo Martínez de Pisón, Premio Nacional de Medio Ambiente.

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